El Ayuntamiento de Trigueros aprueba la adquisición del convento de Santa Catalina para convertirlo en Centro Cultural

El Ayuntamiento de Trigueros ha aprobado en sesión plenaria el inicio del expediente de adquisición del edificio histórico, catalogado como Bien de Interés Cultural La Campana, antiguo convento de Santa Catalina, con los votos a favor de todos los grupos políticos salvo el PSOE que votó en contra.
La alcaldesa, Victoria Caro (Izquierda Unida) defendió la propuesta de compra de Santa Catalina como “un acto de gran responsabilidad de la actual Corporación Municipal en beneficio de la restauración, conservación y difusión de una de las señas más identificativas del municipio”. Esta adquisición pone fin a tres largos años de gestiones y llega en el momento en el que las arcas municipales van superando la grave situación de endeudamiento en la que se encontraba permitiendo que a través de unas operaciones de venta de terrenos municipales y aparados según la Ley de Patrimonio, se pueda adquirir otra propiedad, sin que se vea perjudicado ningún apartado del presupuesto anual de 2014.
Con ello, dice la alcaldesa, "el Ayuntamiento sigue apostando por recuperar y poner en valor el patrimonio histórico de Trigueros y así el Convento Santa Catalina pasa de manos privadas a bien público, de todos los triguereños y triguereñas, y se convierte en un sueño esperanzador". A partir de ahora, añade, “se inicia otro largo recorrido de lucha y tesón con las instituciones para que más pronto que tarde este edificio se vea convertido en Centro de Interpretación Cultural de Trigueros”.
El colegio de los Jesuitas de Trigueros fue fundado, bajo la advocación de Santa Catalina, por Francisco de Palma, clérigo de primera tonsura y vecino de la localidad, al finalizar el segundo tercio del siglo XVI. En 1563 se acuerda que el fundador contribuya anualmente con 90.000 maravedíes para sustentar a los 20 religiosos que compondrían la nueva comunidad. Y la Compañía de Jesús acometería, sin más, la construcción de la residencia y el templo.
El padre Laínez, general de la Compañía, encomendó al padre Bustamante la dirección de las obras. La construcción se inició rápidamente. Se levantó un pabellón para residencia de los religiosos y se proyectó comenzar la iglesia, gracias a los 1.000 ducados que a tal fin donó Leonor de Zúñiga, condesa de Niebla. Así el padre Plaza anunciaba en 1564 que la residencia estaba concluida. Y que había adquirido una casa para instalar no sólo la escuela de leer y escribir, sino también una general de gramática.
Se trata de un edificio singular, digno de un futuro más acorde con su riqueza histórico-artístico. Externamente, el total resultante goza de un gran sabor veneciano. Impresión que confirman los frontones circulares que rematan los hastiales del crucero y frontis del templo, al gusto de Pietro Lombardo.